A raíz de la desaparición
de Armero por la erupción en 1985 del Nevado del Ruiz, el Congreso de la
República, por fin, después de 27 años! aprobó en diciembre de 2012, el
proyecto que ya es hoy Ley de la República, por la cual se rinde homenaje a
este pujante municipio Tolimense, a las víctimas y a los sobrevivientes de tan
terrible tragedia.
Como consecuencia de esa
especie de “Tsunami volcánico”, quedó como cabecera municipal, su entonces
corregimiento Guayabal, lo que explica porque hoy el municipio, cuya actividad
económica se sustenta en la agricultura, la ganadería, el comercio y la
explotación de algunos minerales, se llama “Armero-Guayabal”, a cuyas
autoridades corresponde liderar la materialización y ejecución de los alcances
de esta ley de la República, cuya finalidad es reivindicar la dignidad de una
ciudad -sumida en el lodo y en el olvido- en base a un modelo de desarrollo económico
sostenible, integral y armónico.
Un sistema económico basado en la máxima producción, el consumo, la explotación ilimitada de recursos y el beneficio, como único criterio de la buena marcha económica es insostenible. Esta especie de “desarrollismo salvaje” no cabe hoy, por la incapacidad del planeta de suministrar indefinidamente los recursos que este caduco modelo exigiría. Por esto se ha impuesto el desarrollo sostenible, definido en 1987 por la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo (Comisión Brundtland) como "el desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades". Es decir, optar por un desarrollo real, que permita la mejora de las condiciones de vida, pero compatible con una explotación racional del planeta que cuide simultáneamente el ambiente y la generación de residuos.
Un sistema económico basado en la máxima producción, el consumo, la explotación ilimitada de recursos y el beneficio, como único criterio de la buena marcha económica es insostenible. Esta especie de “desarrollismo salvaje” no cabe hoy, por la incapacidad del planeta de suministrar indefinidamente los recursos que este caduco modelo exigiría. Por esto se ha impuesto el desarrollo sostenible, definido en 1987 por la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo (Comisión Brundtland) como "el desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades". Es decir, optar por un desarrollo real, que permita la mejora de las condiciones de vida, pero compatible con una explotación racional del planeta que cuide simultáneamente el ambiente y la generación de residuos.







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